domingo, 9 de junio de 2013

VIOLENCIA DE GENERO UN ENFOQUE DISTINTO

VIOLENCIA DE GENERO UN ENFOQUE DISTINTO
 
 Si nos ponemos a pensar, históricamente la violencia se ha justificado en pos de sostener una voluntad autoritaria por parte de aquellos que pretenden ejercer el poder.
Es así que se la ha admitido para sostener la organización política y, por ende, se la ha considerado legítima.
Desde la antigua Grecia se ha perfilado otro ámbito de poder, con fuerza correctiva, la familia.
Ésta considerada como la primera organización humana que subsiste en una sociedad que ha experimentado diversos cambios. El primero de ellos a partir de la Revolución Industrial.
Es decir que, desde lo económico, se impone un cambio en el funcionamiento intrafamiliar, al independizarse los miembros de la autoridad paterna, o mejor, dicho al perder su condición de único proveedor el varón, padre de familia.
El padre, históricamente considerado el sostén alimentario de la familia, pierde el rol controlador de su grupo conviviente, al incorporarse la mujer y los hijos al ciclo productivo.
En este juego de poderes, la conservación del concepto tradicional de familia, con la autoridad absoluta del padre, procuró sostenerse por medios autoritarios, lo cual generó violencias intrafamiliares.
La mujer, aún con mayor capacidad que los niños de defender una postura igualitaria en el seno familiar y social, logró el reconocimiento de algunos derechos, solo unas pocas décadas antes que sus hijos.
Estimo se impone revalorizar a la familia como ámbito de pleno desarrollo del ser humano, en el cual se le permita su autorrealización, lo que redundará en lograr que los hijos sean personas útiles y necesarias para la sociedad.
No obstante, no me es ajeno que la puja de poder entre sus pretensos detentadores dentro del seno familiar, ha movilizado el accionar de los gobernantes, entendiéndose como tales a los tres poderes de gobierno, en pos de la cesación, al menos temporal, de situaciones de violencia familiar.
Refiero a temporalidad, ya que el mismo plexo normativo tanto sea nacional como de la Provincia de Buenos Aires, refieren a la facultad del juzgador de hacer cesar los hechos violentos, accionar éste que indiscutiblemente debiera ir acompañado de un debido acompañamiento terapéutico para los actores del escenario hostil y dañino.
En efecto, entiendo que las decisiones que el juzgador tome aisladamente, sin el concurso y compañía del poder administrador, como órgano de prevención y resolución de conflictos, carecerán de relevancia y efectividad, si sus destinatarios, a saber, víctimas y victimarios, no poseen la convicción del respeto a su dignidad y la ajena.
Pretendo significar que a los jueces no se les puede exigir diligencia y apuro en resolver, cuando se imponen plazos necesariamente exiguos para tomar decisiones y el poder administrador ser relevado de su función esencial de prevención y asistencia a las víctimas y victimarios, ya que se corre el peligro de lesionar derechos o producir consecuencias aún más dañosas para los justiciables.
Las normas contenidas en las leyes de violencia reproducen normas procesales vigentes, como lo constituyen las medidas cautelares.
Nuestros jueces han utilizado los recursos legales que los habilitaban a tomar medidas urgentes, antes de la sanción de las leyes de violencia.
El mérito de las leyes ha sido identificar el conflicto, su gravedad y las consecuencias dañosas para las víctimas y la prole, facilitándose el acceso a la justicia en aquellas cuestiones que, por su gravedad, no admiten dilación.
Asimismo, se han definido los hechos que pudieren motivar una denuncia, abriendo un espectro de posibilidades, para hacer cesar las situaciones dañosas.
En provincia de Buenos Aires, se ha impuesto a los jueces un plazo de 48 hs., desde que se efectúa la denuncia para que se dispongan medidas que hagan cesar los hechos de violencia, plazo que considero exiguo para decidir cuestiones que casi se tocan con el delito.
La conformación de los tribunales y/o juzgados de familia en mi provincia, Buenos Aires,  ha sido favorecida con la integración de un equipo técnico, integrado por peritos psicólogos, asistentes sociales y psiquiatras, quienes pueden producir inmediatos informes de riesgo.
Sin embargo, la experiencia de campo ha demostrado que el exceso de tareas de estos equipos ha redundado en un servicio de justicia deficiente para el justiciable, llámese víctima o victimario, al tomarse decisiones por exceso o por defecto desacertadas.
En mi experiencia profesional como abogada de familia he tenido oportunidad de intervenir en varios casos en los que una mujer se presenta como víctima de una situación de violencia familiar.
He observado que algunos de ellos configuraban una situación real de violencia de género y otros no.
Ha habido, en los últimos años, una profusa información sobre el tema de violencia, lo que ha conducido a que aumentara el número de denuncias.
El obrar de la justicia, en la provincia de Buenos Aires, varía según el criterio de cada tribunal o juzgado. Razón por la cual, sostengo que la denuncia propiamente dicha debería ser decepcionada por un funcionario judicial abogado, entrenado adecuadamente en la temática en tratamiento, a fin de encauzar jurídicamente cada situación en el marco de la Ley de violencia o de otras normas del derecho familiar o penal, en su caso.
De esta forma el equipo técnico de cada tribunal o juzgado, se dedicaría específicamente a su especialidad, cual es la evaluación diagnóstica de una presunta situación de violencia.
Todo ello a favor de una mejor atención al justiciable y con la finalidad de evitar el exceso de tareas, a las que hoy, en la mayoría de los tribunales y juzgados, se ha sometido a los profesionales psicólogos, asistentes sociales y psiquiatras.
En efecto, la intervención específica de los auxiliares de la justicia, como acompañantes del proceso judicial, se ha desvirtuado, cuando son quienes deben receptar denuncias, que muchas veces, no encuadran en el marco de la ley de violencia familiar, y que, sin embargo, son situaciones de conflicto, que deben ser evaluadas por un profesional especialista en derecho de familia, a fin de dirigir las acciones para el logro del fin específico de la legislación.
Observo, asimismo, que además de la violencia familiar, las víctimas, padecen violencia institucional, cuando son derivadas de una comisaría a las Comisarías de la Mujer, con el argumento que son las únicas facultadas a esos efectos, cuando la legislación impone la obligación a todos los organismos policiales.
Ocurre otro fenómeno, la Comisaría de la Mujer recepta denuncias de violencia, y muchas veces, se denuncian situaciones que, además configuran delitos, como por ejemplo, amenazas, lesiones, daño, y, sin embargo, el hecho ilícito queda subsumido en una denuncia que será evaluada solo por la justicia de familia.
Estos constituyen aspectos prácticos que vienen de la observación empírica, de los resultados de las decisiones judiciales y del servicio de justicia que estimo deberán modificarse en beneficio del justiciable.
Realizaré un enfoque teórico del tema, desde el punto de vista de la interacción entre dos o más personas convivientes o no, relacionadas desde el punto de vista familiar y/o afectivo, que configuran situaciones nocivas para ellos y su entorno.
He de referirme específicamente a la generación del hecho violento y al sistema de responsabilidades en el mismo, descartando el “mito de la provocación” y la idea de  que las situaciones de violencia se producen causa-efecto.
Es decir, entiendo que, en la evolución del concepto de violencia hemos de inculcar a las víctimas la responsabilidad que les compete, no en la generación del hecho violento, pero sí en la permanencia en situaciones de riesgo tanto para sí como para la prole y/o otras personas convivientes, las que deberán contar con el acompañamiento institucional, desde el ámbito judicial y administrativo.
El hecho violento en el marco de familia reconoce antecedentes en procesos de larga data de cada individuo que concluyen en el daño a la víctima, luego de un abuso de poder por parte del victimario, lo que ocurre indistintamente en familias con poder adquisitivo alto, medio, bajo o muy bajo.
El marco de la ley de violencia, es específico y funciona como una medida precautoria, por la cual el juez dispone el cese de la situación de violencia. Conforme el texto legal de la ley provincial, el juez debería citar a las partes para invitarlas a concurrir a programas terapéuticos.
Allí concluye su actuación.
El decreto reglamentario, en la Provincia de Buenos Aires,  crea una red de prevención y atención contra la violencia familiar, integrada por el Ministerio de Desarrollo humano, Servicios locales, Hospitales provinciales, municipales, centros de salud, ONGs., centros de atención jurídica gratuita comunitaria, comisarías, en particular, comisarías de la mujer, Facultades de Derecho y ciencias sociales, colegios y asociaciones profesionales.
En rigor de verdad, no se ha logrado hasta el momento el efectivo funcionamiento de la red, no obstante, los esfuerzos que cada uno de los miembros de los organismos realizan en el día a día.
Merece una mención especial las situaciones de violencia que se presentan con niños, los cuales, a veces por reflejo padecen situaciones de violencia de las que son víctimas su madre o su padre.
Es sabido que todas las relaciones humanas en las cuales están presentes los afectos se desarrollan en una estructura, en una totalidad en la que las personas interactúan de manera particular. La estructura familiar es el organizador de los miembros que en ella crecen y se desarrollan. Para el niño es el primer espacio donde se estructura el carácter y se generan los procesos de apego necesarios para el establecimiento vínculos. Para los padres el sistema familiar es el espacio básico donde reactualizan sus representaciones intrapsíquicas tempranas. Cada uno de ellos a su vez ha estructurado su carácter que converge con el de los otros miembros del grupo familiar formando un tipo particular de vínculo. De ahí, la importancia de mantener a los niños al margen de conflictos de adultos que desfavorezcan su desarrollo pleno.
Es por ello que tomar decisiones en plazos perentorios con relación a los niños, sin tener la posibilidad de realizar una evaluación adecuada respecto de la idoneidad de los cuidadores, constituye un riesgo ante la posibilidad de eternización de situaciones eventuales ante los hechos de violencia.
Un informe realizado en España del año 2011 por la organización SAVE THE CHILDREN, destaca las consecuencias en los niños que, aún sin ser víctimas directas de la violencia, presencian hechos abusivos contra sus madres.
“La violencia que experimenta en el contexto del hogar y la familia puede tener consecuencias para su salud y desarrollo que duran toda la vida. Pueden perder la confianza en otros seres humanos que es esencial para el desarrollo normal. Aprender a confiar desde la infancia a través de los lazos familiares es una parte esencial de la niñez; y está estrechamente relacionado con la capacidad de amor y empatía ycon el desarrollo de relaciones futuras. A un nivel más amplio, la violencia puede atrofiar el potencial de desarrollo personal y representar altos costos para la sociedad en su conjunto”.
Es por lo expuesto, que entiendo que el trabajo fundamental consiste en sacar a la víctima de ese rol y constituirla en responsable en el cuidado psico-físico de si misma y de sus hijos.
Una postura distinta frente a la problemática redundará en beneficio de la víctima, ya que según el informe mencionado, las madres encuentran un estímulo en su propia recuperación cuando se trata de proteger a sus hijos del medio hostil.
Es por ello que insisto en rol que cabe al poder administrador en la promoción de políticas de prevención en cada comunidad y acciones efectivas para el cuidado de las víctimas.
Para concluir, propongo instar al gobierno nacional, a los gobiernos provinciales a los municipios y/o departamentos, en el ámbito de sus competencias a:
1.     Destinar los recursos humanos y materiales necesarios para brindar una atención específica e individualizada a los niños y niñas víctimas de violencia de género. Es necesario que los profesionales de los diferentes ámbitos reciban una formación especializada para identificar estas situaciones e intervenir de manera adecuada.
2.     Desarrollar campañas de sensibilización sobre las consecuencias específicas de la violencia de género en los niños y las niñas y su condición de víctimas de la misma.
3.     Ampliar programas educativos de prevención de violencia de género impulsando programas de educación para la igualdad de género y promoción de relaciones no violentas en las escuelas.
4.     Concientizar a todos los niños, niñas y adolescentes de las consecuencias de la violencia de Género e informarles de manera adecuada a su nivel de madurez de la importancia de denunciar estas conductas, bien si las viven en primera persona, o si conocen a otros niños que puedan encontrarse en esta situación.
5.     Promover las medidas adecuadas para establecer unos sistemas eficaces de prevención y detección temprana de situaciones violencia de género en el hogar, especialmente desde los ámbitos educativo y sanitario, y también desde los servicios sociales.
6.     Desarrollar programas de atención especial orientados a la identificación y atención de Familias vulnerables, entendidas éstas como aquellas en las que se producen incidentes violentos reiterados o en las que concurren otras situaciones de riesgo.
7.     Diseñar programas de recuperación que ofrezcan apoyo a los padres y les permitan mejorar sus vínculos afectivos con los hijos o las hijas y sus habilidades parentales.
8.     incrementar la oferta de recursos psicoterapéuticos, dirigidos a niños y niñas víctimas de violencia de género.
9.     Desarrollar programas de formación continua para profesionales del sistema de protección de las mujeres víctimas de violencia de género y el sistema de protección de la infancia en temas de género y de derechos.
En síntesis, la violencia familiar, es una calesita, en la que suben dos, con suerte uno se marea y quiere bajar, el otro no lo deja, porque se termina el juego. Ambos necesitan ayuda…

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